martes, 30 de julio de 2013

Odysseas Elytis: Es digno (Dignum est)

 
Publicado en 1959 tras diez años de composición, Es digno (en griego, Axion Estí), ha sido considerada una de las obras cumbres de la creación poética del siglo XX, uniendo el nombre de Elytis al de otros grandes poetas como Kavafis o Seferis. Se ha considerado que esta obra pertenece al segundo periodo poético de Elytis, junto a otro de sus poemas más representativos  Canto heroico y fúnebre por el subteniente caído en Albania, periodo en el que indaga en el mundo exterior, persiguiendo una conciencia ética que alivie del dolor, y buscando respuestas que validen la confianza en el ser humano y que rechacen la barbarie de la guerra. Elytis luego girará hacia el interior y a la sensualidad de su primera época, hacia una visión que él mismo denominó “metafísica de la luz”.
Es digno es un extenso poema en un tono salmódico. Postula una interpretación del mundo bajo una nueva visión. A los elementos mitológicos une una propuesta étnica, la que sirve para otorgarle un nuevo sentido al pueblo griego. Pretende el autor intervenir en la realidad para, con mirada penetrante y palabra transformadora, revelar la esencia de esa realidad observada. No sólo describe el mundo, sino que aspira con su labor creadora a descubrir el misterio de la belleza que el mundo encierra en sí.
El título de la obra recuerda elementos de la de la Sagrada Liturgia de la tradición ortodoxa griega. Se dice que el arcángel Gabriel escribió en una piedra del monte Atos Axion Estí (Es digno), en honor de la Virgen. La obra se halla dividida en tres partes que recuerdan elementos del Antiguo y Nuevo Testamento: Génesis, Pasión y Gloria.
La primera parte, El Génesis, consta de siete poemas que se identifican, en una u otra medida, con los libros de la Biblia en su concepción y tono. Los temas son múltiples. El nacimiento y la afirmación del poeta: “En el principio la luz Y la hora primera / en que los labios en el barro aún / prueban las cosas del mundo /… / El mar hermosísimo se tendió también en su sueño /…/ Solo allí me enfrenté / al mundo / llorando amargamente.” El poeta siente que era “el de muchos siglos atrás”, y asiste a la formación de la tierra, el mar, los demás seres vivos… El conocimiento de sí mismo es otro de los motivos: “Y se sobrecogió vehementemente mi corazón / era el primer crujido de la madera dentro de mí.” Mas también se le presentan el vacío de la Muerte, el Sacrificio y el Alma: “Y la Noche pensamiento malva / de una Luna antigua / serrada por la nostalgia /…/ ocupó una parte de mi mismo.” Otro de los asuntos es el poeta y la poesía frente a los otros. Así los otros son la condición de uno mismo: “son los Otros / pero no es posible que sean Ellos sin Ti / pero no es posible que seas Tú sin Ellos.” Tras reflejar el mundo en sus diversos aspectos así como la relación con sus semejantes, concluye: “¡ESTE soy yo por tanto / y el mundo el pequeño, el grande!”
La Pasión constituye la segunda parte. La connotación con la crucifixión de Cristo es evidente, pero ahora son los griegos los que padecen las calamidades de la guerra. Se inicia con una referencia a su participación en los acontecimientos bélicos: “En los Estrechos abrí mis manos /…/ En los Estrechos pondré de centinelas a los céfiros /…/ ¡Destino de los inocentes, eres mi propio Destino!” La lengua es una rica herencia recibida; la lengua sirve para la glorificación: “¡Única preocupación, mi lengua, con las primeras palabras del Himno!”
En esta parte hay diversos tipos de composiciones. Textos en prosa –que Elytis llama Lecturas– como La marcha hacia el frente: “Entonces, hundidos en las vaguadas, reclinábamos la cabeza por el lado pesado, por el que no salen sueños.” También composiciones con hemistiquios partidos: “El sol para volver * requiere gran esfuerzo / Precisa que mil muertos * estén en las Ruedas / Y que seres vivos * entreguen su sangre.”  La montaña (Pindo, Atos) es el origen y la memoria de su pueblo: “los pueblos levantan en sus hombros las montañas / y se quema sobre ellos el recuerdo, / ¡zarza que no se consume!” Así, a cantos en forma épica siguen otros líricos, y a descripciones en prosa –aunque elaboradas poéticamente– metáforas casi de tono surrealista. El poeta, en un medio hostil (el de la guerra), no encuentra su lugar; por ello, “regresará para colocarse entre las bellas ruinas”, es decir, debe retornar  a la tradición, reivindicando así un cierto helenismo.
A pesar de todo, la voz poética expresa como, a pesar del sufrimiento, de verse desposeído, no puede quedarse huérfano de todo gracias a su canto, a sus versos: “Quitadme mis entrañas, ¡he cantado! / Quitadme el mar… / una muchacha / cuya alegría me hubiera bastado con sólo tocarla /… ¡he cantado!” Y añade. “Gocé al besar el cuerpo virgen con mi boca. / Coloreé la piel del mar al soplar con mi boca. / Convertí en islas todas mis ideas. / Exprimí un limón en mi conciencia” “Ahora recorro un país lejano y sin arrugas. / Me acompañan ahora muchachas azules / y caballos de piedra /… / AHORA y SIEMPRE y ES DIGNO.”
La tercera parte lleva por título El Gloria. Es la parte que confiere un sentido totalizador a la obra, pues en ella se cantan las alabanzas de todo lo creado. Aquí está el mundo personal del poeta, fundido con lo griego, mas ambos trascendidos: “ALABADA SEA la luz y la primera  / plegaria del hombre grabada en la piedra.” El mundo material y el paisaje están convertidos en continuo símbolo. “ALABADA SEA la mesa de madera / el vino rubio con el lunar del sol”; “ALABADO SEA el calor que encuba / piedras hermosas bajo el puente.” Alaba las lágrimas espontáneas que salen de los ojos de los niños o el balbuceo de los enamorados. Incluso, “ALABADA SEA la mano que regresa / del horrendo crimen y ahora sabe / cuál es en verdad el mundo superior / cuál el “ahora” y cuál el “siempre” del mundo.” Elytis va construyendo en un paisaje de esencia metafísica un Paraíso donde poder cultivar naturalmente los más dignos valores. “Ahora el movimiento de la nube de los lepidópteros /… / Ahora la corteza de la Tierra /… / Ahora la incurable languidez de la Luna.” Para concluir: “Ahora Ahora la nada / ¡y siempre el mundo pequeño, el Grande!”
La variedad formal contribuye a gestar un poema de compleja estructura. Rica técnica y rigurosa construcción se aúnan. En la primera parte desaparece en buena medida la puntación y proliferan las mayúsculas; en la segunda se mezclan prosa, verso, hemistiquios partidos; y la tercera es una salmodia al modo de loa o alabanza, un canto ininterrumpido donde se repite una y otra vez el “ALABADO SEA”. La integración de imágenes y metáforas en el ritmo, la alternancia de lo elegiaco con lo hímnico, la armonización de la forma y el sentido, de la ética y la belleza, de lo lírico con lo épico, son algunos de los ejes sobre los que se vertebra una composición que sintetiza las tradiciones culta y popular. El fondo de la composición es un mundo mediterráneo (más bien cabría decir del Egeo), si bien que trascendido pues la exaltación del mar, la luz, el viento, los olivos, el verano, los montes, las muchachas… es la apuesta por un descubrimiento y una fundación, por revelar a la par que construir un mundo de Belleza y Justicia, un Paraíso buscado en las entrañas de la cultura griega, y que se geste a partir de sus cualidades esenciales.    

© Copyright Rafael González Serrano

domingo, 14 de julio de 2013

Francis Ponge: Cuaderno del bosque de pìnos

Escrito a modo de diario entre los meses de agosto y septiembre de 1940, el Cuaderno del bosque de pinos es una indagación en profundidad sobre la propia actividad de escritura y su posibilidad. Su redacción se efectúa al inicio de la guerra y, confiesa Ponge en el apéndice, que escribió de aquello sobre lo que tenía ganas de leer. En la correspondencia acerca del libro añadida al final de la edición, un interlocutor del poeta escribe: “Cada cosa en sí, rigurosamente específica y lograda, es excelente. La totalidad llega a ser una marquetería.” Habla de perfección casi científica, y del nacimiento de un poema y su explicación. Mas Ponge responde que más bien se trataría del “asesinato de un poema por su objeto”, afirmando que su poema no es sino “un esfuerzo en contra de la poesía”.
Este cuestionamiento de la propia posibilidad de escribir, es la que le lleva a una constante propuesta de escritura donde ésta es discutida, se descompone y recompone, se destruye y se genera. Debido a esta certeza, Ponge se posiciona del lado de las cosas, como lo postula en su gran obra de 1942, Le partie pris des choses (que puede traducirse como De parte de las cosas); el poeta se adhiere a las cosas, toma partido por ellas. De ahí que los objetos y la naturaleza, que son mudos, le atraigan, precisamente porque su expresión es aquella que deriva de las propias mutaciones naturales de los elementos que los constituyen.
El libro está dividido en tres partes. La primera, en prosa poética, Su reunión, describe El placer de los bosques de pinos; bosque que está compuesto por “grandes mástiles negros o a lo menos criollos”. En ese “tapiz de jade”, el pino se desprende del mayor número de sus miembros para que la savia sirva de provecho a la cima. El pino es un árbol bien definido que sirve de refugio frente a los elementos; de ahí que sea un sanatorio natural, un salón de música, una catedral de meditación (todo está dispuesto para dejar al hombre a solas con su meditación, sin nada que distraiga la mirada). Las hojas, semejan pelos duros, como dientes de peine (los que peinarían la cabellera de una pelirroja). Aparte de las piñas, de las horquillas vegetales, los musgos, los hongos... “aquí se fabrica madera”. Y el tallo de ese árbol es “un impulso sin arrepentimiento”. Identifica el placer de penetrar en un bosque de pinos con el de hacerlo en los aposentos privados de la naturaleza, en el tocador de una Venus pelirroja.
La segunda parte lleva por título Formación de un abceso poético. Hay una repetición abundante de motivos. El bosque es una brucería (por la abundancia de cepillos). Insiste en que el bosque es “una lenta fábrica de madera”, idea base o, como dice el autor, expresión exacta. Un cobertizo caldeado en el que viene a secarse la noble y salvaje pelirroja que sale de la bañera. Esta parte contiene varias composiciones en verso. El motivo de estos poemas es la descripción del bosque como brucería, rodeada de espejos, pelos verdes con mangos dorados, suelo bermejo, donde vino a peinarse Venus tras salir de la bañera humeante. Estos poemas contienen pequeñas variantes, se modifica alguna calificación, el orden de los versos, etc. En las vueltas y revueltas en torno al bosque (variantes, otras), van apareciendo en los versos finales, “cimas negligentes”, “la penumbra de sol manchada”, “albornoz de penumbra”, “surcado por moscas”, “cintas tejidas de átomos sin sueño”... Hay un juego combinatorio de los versos –incluso propone una posible secuencia matemática sin fin–, lo que hace que se llegue a expresiones como: “ya no queda en provecho de las moscas sin sueño / ... / sino un albornoz de penumbra de sol manchada”.
Vuelve Ponge a la prosa en la tercera parte, Todo esto no es nada serio. Realiza un recuento de lo añadido en la parte anterior por medio de los poemas, analizando algunos términos. Se cuestiona lo realizado afirmando que “debe progresar en el conocimiento y la expresión del bosque de pinos”. No se trata de “emplear las palabras más exactas para describir el sujeto” (lo que sería mero expresionismo), sino “de conocer el bosque de pinos”. Diferencia entre el pino social (en el interior del bosque) y el de la linde, que oculta los arcanos de su sociedad: esconden del exterior las miradas al interior. Un bosque es un monumento y una sociedad. El pino es un árbol social por naturaleza. Los pinos tienen la facultad de abolir sus expresiones primeras; en palabras de Ponge, “licencia de olvido”. Acopia y analiza una serie de términos propios del mundo vegetal –era un entusiasta de las precisas definiciones de los diccionarios–, como ramoso, maleza, vástagos, fronda, bosque, floresta, lindero, oquedal… Define, al final, los diversos tipos de bosque en función de su edad: de 40 años, oquedal sobre arbusto, de 40 a 60 años, medio oquedal … de más de 200 años, oquedal alto en regresión. Concluye que este pequeño opúsculo es (apenas) un “oquedal sobre arbusto”.
Muy alejado de la tradición romántica-simbolista e, incluso, de los excesos surrealistas –aunque se adhiriese al primer manifiesto–, su método consiste en dejar hablar a los objetos, no involucrarse en la enunciación (abandonando para ello el yo), para que el texto no se halle contaminado por taras sentimentales y surja exacto al escrutar minuciosamente cada detalle del objeto contemplado. Por eso, los escritos de Ponge se encuentran a mitad de camino entre la composición poética y la especulación teórica, una especie –con todo lo que conlleva de equívoco e inexacto– de poema-ensayo. Para él, el desafío del poeta es reencontrar el nombre verdadero de las cosas: de ahí su obsesión por los diccionarios (sobre todo por el Littré), y las definiciones precisas, tan habituales en el Cuaderno del bosque de pinos.
Su propuesta era “desembocar en fórmulas claras e impersonales”, para lo cual hay que sacar del objeto más elemental (la lluvia, el prado, un vaso, una naranja), un discurso completo. “El objeto es siempre más importante, más interesante, más capaz: no tiene ningún deber conmigo, soy yo quien tiene todos los deberes respecto a él”. En cada palabra escogida todo es significativo: la etimología, el sonido, la grafía. Constata lo real no sólo en la presencia de los objetos sino también en la forma de las palabras. De este modo, todo poema no es una invención súbita sino una producción, no existiendo diferencia entre el proceso y la obra. Toda metáfora utilizada no señala la analogía entre los objetos sino que desvela sus diferencias, afirmando que “la variedad de las cosas es en realidad lo que me constituye”. Las cosas, mudas, lanzan el reto al lenguaje de ser nombradas. Ponge, al hablar del objet (objeto) del poema, crea unos neologismos: objeu (objuego), y objoie (obgozo). Ciertamente, la alegría y lo lúdico se hallan bien presentes en este Cuaderno del bosque de pinos.

© Copyright Rafael González Serrano

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